El cielo de Madrid

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Siempre que, años atrás, se me pasaba por la cabeza crear un blog sobre Madrid, tenía muy claro que dedicaría uno de los posts exclusivamente a su firmamento, el cielo de Madrid. Ese azul, luminoso y espectacular, otorga a la ciudad un aire especial. Luminosidad y claridad, éstas son las cualidades objetivas que ofrece, pero los sentimientos que provoca son otros mucho más allá de un simple color bonito.

El cielo de Madrid hace feliz. Enciende una ilusión en los ojos de quien lo mira. Les hace sonreír, y les devuelve la sonrisa.


El cielo de Madrid

En Madrid, el cielo es de color “azul cielo de Madrid”, porque ese color no se ve en otro sitio. Es clarito, sí, pero no celeste. Roza el turquesa, pero sin llegar a alcanzarlo. Se mezcla con el amarillo en el horizonte, pero sin abandonar su gama azul. Y se funde en un marino nocturno cuando las horas se agolpan, vertiginosas, sobre la capital.

El cielo de Madrid es testigo inconsciente de miles de vidas. Y son miles de vidas las que navegan, también inconscientes, bajo ese cielo. Sin quererlo les da sentido, las vislumbra, las acompaña. Les ofrece un paisaje adecuado para sus planes, en ocasiones les llora y les cubre, y en otras, las que menos, las nieva y les regala un manto precioso.

Durante años, décadas, siglos… el cielo de Madrid permanece impasible al paso del tiempo y de las vidas. Contempla cada uno de los actos que tienen lugar en ese rodaje eterno, y los adorna con esa sencillez y calidez que solo él sabe regalar.

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